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Negocio·7 min de lectura

Catálogo en PDF o catálogo web: cuándo deja de servirte el PDF y qué preguntar antes de contratar

Si fabricas o distribuyes, tu catálogo seguramente es un PDF. Las cinco señales de que ya no te sirve, cómo calcular lo que te cuesta mantenerlo y las ocho preguntas que tienes que hacer antes de contratar un catálogo web.

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En este artículo

El PDF no falla el día que lo haces. Falla la tercera vez que cambian los precios y alguien de tu equipo manda la versión de marzo.

Si fabricas o distribuyes, lo más probable es que tu catálogo sea un PDF. Lo hizo un diseñador hace un tiempo, se manda por correo y por WhatsApp, y cuando hay feria se imprime. Funciona. Hasta que deja de funcionar, y casi nunca te enteras el día que pasa.

Si buscas "catálogo online para distribuidores", casi todo lo que sale son plataformas que te quieren vender su tienda o su creador de catálogos. Ninguna te dice cuándo te conviene cambiar, cuánto te cuesta hoy el PDF ni qué preguntar antes de firmar. Eso es lo que intenta este artículo.

Lo que el PDF hace bien

Antes de tirarlo, seamos justos. El PDF se ve igual en todas partes, se imprime, el comprador lo guarda en una carpeta y lo encuentra dos años después. Y no, no es invisible: Google indexa archivos PDF, lo dice en su lista de formatos que puede indexar.

El problema es otro. Un PDF de 60 páginas es una sola dirección para trescientas referencias. Para Google, y para un asistente de IA, es un documento largo, no trescientos productos. Y cada vez que cambia algo hay que rehacerlo, exportarlo y volver a mandárselo a todos.

Cinco señales de que ya no te sirve

  1. Hay más de una versión dando vueltas. Tu comercial manda la del año pasado, el cliente pide con ese precio y alguien se come la diferencia.
  2. Cada cambio de precio pasa por el diseñador. Tú tienes el dato en el Excel el lunes y el PDF nuevo llega el jueves, si llega.
  3. Te preguntan por WhatsApp cosas que están en la página 34. "¿Lo tienen en 60 cm?", "¿esto viene en negro?". Si la respuesta está en el catálogo y aun así te preguntan, el catálogo no se está usando.
  4. Vendes en más de un idioma y la versión en francés va dos actualizaciones por detrás de la española.
  5. Un cliente nuevo no te encuentra. Busca el producto por lo que es ("expositor de sobremesa para farmacia", "racor de latón de media pulgada") y aparece otro, porque tú no tienes una página para eso: tienes la página 34 de un PDF.

Nuestro criterio, y es criterio, no estadística: con una señal, arregla el PDF. Con dos o más, ya estás pagando por no tener un catálogo web, aunque no lo veas en ninguna factura.

Cuánto te cuesta hoy el PDF

Este coste no aparece en ningún sitio porque está repartido entre horas de tu equipo, facturas sueltas del diseñador y errores que se arreglan por teléfono. Juntarlo es fácil. Los números de la columna de ejemplo son inventados para que se vea la cuenta; pon los tuyos.

ConceptoDónde mirarloEjemplo
Actualizaciones al añoCuántas veces cambiaron precios o gama4
Horas internas por actualizaciónQuién junta los cambios y los revisa6 h
Coste de una hora internaTu nómina25 €
Factura del diseñador por actualización e idiomaTus facturas300 €
IdiomasTu catálogo2
Pedidos con precio o referencia equivocada al añoTus abonos y devoluciones10
Coste medio de arreglar unoAbono, porte, llamadas60 €

La cuenta:

  • Coste anual del PDF = actualizaciones × (horas internas × coste hora + diseñador × idiomas) + errores × coste de cada error

Con el ejemplo: 4 × (150 + 600) = 3.000 €, más 600 € de errores. 3.600 € al año, todos los años, por mantener un documento que se queda viejo a la semana. A ti puede salirte mucho menos, y entonces quizá no te compense cambiar. Por eso conviene hacer la cuenta antes de pedir presupuestos.

Lo que no entra en la cuenta, porque desde dentro no se puede medir, es el cliente que buscó y no te encontró.

Para comparar con algo concreto: una web corporativa con catálogo, hecha a medida y con un panel para que tu equipo la actualice, la hacemos por 1.500 € más IVA, pago único, con mantenimiento opcional (precios). Los idiomas y el buscador se presupuestan aparte, según el tamaño de la gama.

Catálogo no es tienda

Aquí se equivocan muchos presupuestos, para un lado o para el otro. Casi ningún distribuidor necesita un carrito con pago: los precios cambian según el cliente, el volumen y las condiciones, y el pedido se cierra con el comercial. Meter una tienda es pagar por algo que no vas a usar.

Lo que sí necesitas:

  • Una ficha por referencia, con su propia dirección: medidas, materiales, fotos y ficha técnica para descargar.
  • Un buscador y filtros que funcionen como piensa tu cliente, no como está ordenado tu almacén.
  • Un botón que acabe en tu comercial: pedir presupuesto, o ir sumando referencias a una lista que llega por correo o por WhatsApp con los códigos ya puestos.
  • Si no quieres publicar precios, una zona de clientes donde cada uno vea los suyos.

Y no hace falta vender online para que Google entienda tus productos. Su documentación de datos estructurados distingue entre páginas donde se compra y páginas de producto donde no se puede comprar directamente, y tiene un formato para cada caso. Un catálogo sin carrito puede estar bien marcado.

Qué preguntar antes de contratar

Esto vale para nosotros y para cualquiera que te presupueste. Al lado de cada pregunta, la respuesta que te gustaría oír.

  1. ¿Quién actualiza el catálogo y cuánto cuesta cada cambio? Tu equipo, desde un panel, sin pagar por cambio. Si cada precio nuevo es un correo a la agencia, cambiaste un diseñador por otro.
  2. ¿Puedo cargarlo desde mi Excel o mi ERP, y sacarlo otra vez? Importar desde una hoja de cálculo es lo mínimo. Exportar también: tus datos tienen que poder salir.
  3. ¿Cada referencia tiene su propia URL? Si te enseñan un PDF que pasa páginas como una revista, sigue siendo un PDF.
  4. ¿Los idiomas son páginas de verdad? Google recomienda usar una URL distinta para cada versión de idioma en lugar de cambiar el idioma con cookies o según el navegador. Y un traductor automático puesto encima de la web no es una versión en francés.
  5. ¿Se puede sacar un PDF desde la web? Para ferias y para el cliente que lo quiere en papel. Así hay una sola fuente de verdad y el PDF deja de ser un trabajo aparte.
  6. ¿Qué datos estructurados lleva cada ficha? Si no saben responder, es difícil que tus productos se lean bien en Google o cuando alguien le pregunta a un asistente de IA. Por qué importa lo explicamos en la guía AEO.
  7. ¿De quién son el dominio, el código y la base de datos? ¿Qué pasa si dejo de pagar? Si es una suscripción, pregunta qué te queda el día que la cancelas. Si ya pagas varias, en ¿De quién es tu negocio online? las sumas y ves cuánto se va al año.
  8. ¿De qué depende el precio cuando la gama crezca? Referencias, idiomas, usuarios del panel. Que te lo digan ahora, no cuando pases de 300 a 1.500 productos.

Cuándo no hace falta

Con la misma honestidad: si tienes cuarenta referencias, los precios cambian una vez al año y vendes a veinte clientes que ya te conocen, quédate con el PDF. Hazlo bien, ponle la fecha en la portada y súbelo a una página sencilla con tus datos de contacto. Con una landing te alcanza.

El catálogo web tiene sentido cuando la gama se mueve, cuando vendes en más de un idioma o cuando quieres que te encuentre gente que todavía no te conoce.

Un fabricante que ya dio el paso

Boix PLV fabrica expositores desde 1972. Su web está en cuatro idiomas, con cuatro dominios (.com, .es, .cat y .fr), y tiene un buscador por necesidad: el cliente parte de lo que quiere resolver, no del nombre del producto. Está contado en webs corporativas y catálogos. De ese proyecto no hay cifras de resultados publicadas, así que no te vamos a dar ninguna: lo que puedes ver es cómo está hecho.


Haz la cuenta de arriba con tus números y pasa las ocho preguntas por quien te presupueste, nosotros incluidos. Si después de eso te cuadra, escríbenos y lo miramos con tu catálogo delante.

Temas

catálogo online · distribuidores · fabricantes · catálogo PDF · B2B · web corporativa

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