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Si fabricas o distribuyes, tu catálogo seguramente es un PDF. Las cinco señales de que ya no te sirve, cómo calcular lo que te cuesta mantenerlo y las ocho preguntas que tienes que hacer antes de contratar un catálogo web.
El PDF no falla el día que lo haces. Falla la tercera vez que cambian los precios y alguien de tu equipo manda la versión de marzo.
Si fabricas o distribuyes, lo más probable es que tu catálogo sea un PDF. Lo hizo un diseñador hace un tiempo, se manda por correo y por WhatsApp, y cuando hay feria se imprime. Funciona. Hasta que deja de funcionar, y casi nunca te enteras el día que pasa.
Si buscas "catálogo online para distribuidores", casi todo lo que sale son plataformas que te quieren vender su tienda o su creador de catálogos. Ninguna te dice cuándo te conviene cambiar, cuánto te cuesta hoy el PDF ni qué preguntar antes de firmar. Eso es lo que intenta este artículo.
Antes de tirarlo, seamos justos. El PDF se ve igual en todas partes, se imprime, el comprador lo guarda en una carpeta y lo encuentra dos años después. Y no, no es invisible: Google indexa archivos PDF, lo dice en su lista de formatos que puede indexar.
El problema es otro. Un PDF de 60 páginas es una sola dirección para trescientas referencias. Para Google, y para un asistente de IA, es un documento largo, no trescientos productos. Y cada vez que cambia algo hay que rehacerlo, exportarlo y volver a mandárselo a todos.
Nuestro criterio, y es criterio, no estadística: con una señal, arregla el PDF. Con dos o más, ya estás pagando por no tener un catálogo web, aunque no lo veas en ninguna factura.
Este coste no aparece en ningún sitio porque está repartido entre horas de tu equipo, facturas sueltas del diseñador y errores que se arreglan por teléfono. Juntarlo es fácil. Los números de la columna de ejemplo son inventados para que se vea la cuenta; pon los tuyos.
| Concepto | Dónde mirarlo | Ejemplo |
|---|---|---|
| Actualizaciones al año | Cuántas veces cambiaron precios o gama | 4 |
| Horas internas por actualización | Quién junta los cambios y los revisa | 6 h |
| Coste de una hora interna | Tu nómina | 25 € |
| Factura del diseñador por actualización e idioma | Tus facturas | 300 € |
| Idiomas | Tu catálogo | 2 |
| Pedidos con precio o referencia equivocada al año | Tus abonos y devoluciones | 10 |
| Coste medio de arreglar uno | Abono, porte, llamadas | 60 € |
La cuenta:
Con el ejemplo: 4 × (150 + 600) = 3.000 €, más 600 € de errores. 3.600 € al año, todos los años, por mantener un documento que se queda viejo a la semana. A ti puede salirte mucho menos, y entonces quizá no te compense cambiar. Por eso conviene hacer la cuenta antes de pedir presupuestos.
Lo que no entra en la cuenta, porque desde dentro no se puede medir, es el cliente que buscó y no te encontró.
Para comparar con algo concreto: una web corporativa con catálogo, hecha a medida y con un panel para que tu equipo la actualice, la hacemos por 1.500 € más IVA, pago único, con mantenimiento opcional (precios). Los idiomas y el buscador se presupuestan aparte, según el tamaño de la gama.
Aquí se equivocan muchos presupuestos, para un lado o para el otro. Casi ningún distribuidor necesita un carrito con pago: los precios cambian según el cliente, el volumen y las condiciones, y el pedido se cierra con el comercial. Meter una tienda es pagar por algo que no vas a usar.
Lo que sí necesitas:
Y no hace falta vender online para que Google entienda tus productos. Su documentación de datos estructurados distingue entre páginas donde se compra y páginas de producto donde no se puede comprar directamente, y tiene un formato para cada caso. Un catálogo sin carrito puede estar bien marcado.
Esto vale para nosotros y para cualquiera que te presupueste. Al lado de cada pregunta, la respuesta que te gustaría oír.
Con la misma honestidad: si tienes cuarenta referencias, los precios cambian una vez al año y vendes a veinte clientes que ya te conocen, quédate con el PDF. Hazlo bien, ponle la fecha en la portada y súbelo a una página sencilla con tus datos de contacto. Con una landing te alcanza.
El catálogo web tiene sentido cuando la gama se mueve, cuando vendes en más de un idioma o cuando quieres que te encuentre gente que todavía no te conoce.
Boix PLV fabrica expositores desde 1972. Su web está en cuatro idiomas, con cuatro dominios (.com, .es, .cat y .fr), y tiene un buscador por necesidad: el cliente parte de lo que quiere resolver, no del nombre del producto. Está contado en webs corporativas y catálogos. De ese proyecto no hay cifras de resultados publicadas, así que no te vamos a dar ninguna: lo que puedes ver es cómo está hecho.
Haz la cuenta de arriba con tus números y pasa las ocho preguntas por quien te presupueste, nosotros incluidos. Si después de eso te cuadra, escríbenos y lo miramos con tu catálogo delante.
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